Control y erradicación de la epidemia: un largo camino por delante

Artículo publicado en Voz Pópuli

La crisis del coronavirus constituye una enorme tragedia social y un cataclismo económico que ha pillado por sorpresa a un gobierno autocomplaciente que, como la mayoría de los gobiernos europeos y la propia UE-27, contemplaba sin gran preocupación el virulento desarrollo de la enfermedad en China en los meses de enero y febrero. La falta de medidas preventivas en las primeras etapas facilitó el contagio y el rápido crecimiento de casos en España, imposibilitando que los enfermos pudieran recibir un tratamiento adecuado al producirse la sobresaturación del sistema sanitario. La trágica consecuencia es que 10.935 españoles habían fallecido hasta el 3 de abril a la hora de terminar este artículo, más de 3 veces el número total víctimas en China.

Los ciudadanos españoles miramos estos días, entre atónitos y temerosos, la dramática evolución de las cifras, pero sin renunciar a comprender la dinámica de la epidemia. Y para entenderla, hay que ir más allá de observar la evolución del número de casos totales y de enfermos fallecidos y centrar la atención en la cifra total de casos activos y en los flujos que determinan su dinámica. Sólo así podremos valorar con objetividad la situación actual y apreciar el papel que juegan las medidas adoptadas por las autoridades, así como determinar dónde hay que poner el acento para controlar y revertir la epidemia y contener sus letales consecuencias.

Casos totales y fallecidos

El Gráfico 1 muestra la evolución del total de casos (TC) detectados que ha crecido exponencialmente en las últimas semanas, desde los 2 casos detectados el 15 de febrero que se mantuvieron sin variación hasta el 23 de febrero, a 58 el 29 de febrero, a 525 el 7 de marzo, a 6.391 el 14 de marzo, a 25.496 el 21 de marzo, a 73.235 el 28 de marzo y a 117.710 el 3 de abril. Como expliqué en mi artículo “¿Por qué la tasa de mortalidad es tan elevada en España?”, esta cifra de casos totales detectados es sólo una fracción de los casos totales que incluirían, además de los detectados clínicamente, todos los casos, asintomáticos o no,  no detectados. En todo caso, la cifra de casos totales por millón de habitantes, 2.518, es a día de hoy, la más alta del mundo, 3,4 veces la de Estados Unidos y 2,5 veces la de Alemania.

Como las tasas de crecimiento diarias de los casos totales detectados son bastante arbitrarias al inicio de la epidemia, cuando los casos detectados son muy pocos, y habida cuenta que el período de incubación puede extenderse hasta 14 días, he calculado para cada día a partir del 29 de marzo la media de las tasas de crecimiento de casos detectados en ese día y en los 13 días anteriores.

Los resultados se muestran en el Gráfico 2. La curva presenta una tendencia ascendente en los últimos días de febrero y primeros días de marzo, alcanza su máximo el día 9 de marzo y ha ido descendiendo casi monótonamente a partir de ese momento. La conclusión que podemos extraer de este gráfico es que el gobierno español y las autoridades sanitarias no prestaron atención durante el período clave en que se incubó y el crecimiento de casos fue más virulento, y facilitaron con su inacción el contagio generalizado de la población sin adoptar medias hasta el 14 de marzo en que declararon el estado de alarma.

El Gráfico 3 muestra la evolución del total de fallecidos (TD) en España atribuidos al coronavirus desde el 15 de febrero. La primera víctima se produjo el 3 de marzo y no ha cesado de aumentar exponencialmente desde ese momento hasta alcanzar 10.700 fallecidos el 3 de abril. Como también indiqué en mi anterior artículo, la cifra de muertos atribuida al coronavirus está probablemente también infravalorada, al no contabilizarse como tales fallecimientos aquellas muertes atribuidas a otras causas sin haberles realizado prueba de detección. En todo caso, nuestra cifra de fallecidos multiplica por más de 3 el total de muertos en China (3.318), nuestra tasa de mortalidad por millón de habitantes es 13 veces la de Estados Unidos y 18 veces la de Alemania; y con 234 fallecidos por millón de habitantes estamos en primera posición en el ranking mundial, si bien la cifra de Italia.

El Gráfico 4 nos proporciona la evolución de la tasa de mortalidad, esto es, del cociente de número de fallecidos (TD) atribuidos al coronavirus sobre el número total de casos detectados (TC), expresado en porcentaje. El inicio del despegue se produjo el 3 marzo, día en que se produjo la primera víctima, y se ha incrementado hasta alcanzar 9% el 1 de abril. No obstante, se observa que la pendiente de la línea se modera a finales de marzo y comienzos de abril, una clara indicación de que están empezando a funcionar las medidas de confinamiento adoptadas a partir de la declaración del estado de alarma el 14 de marzo.

Controlar y erradicar la epidemia

El total de enfermos o casos activos (TA) se define como la diferencia entre el total de casos  (TC) menos la suma del total de personas fallecidas (TD) y recuperadas (TR): TA=TC-TD-TR. Contener la pandemia requiere estabilizar el número de casos activos TA y la erradicación total se logra cuando se reduce a cero el total de casos activos. En China, las cifras el 3 de abril de 2020 permiten afirmar que la epidemia está ya controlada, puesto que la mayoría de los 81.620 infectados, 76.571 exactamente, se han recuperado, pero la epidemia no está erradicada ya 1.727 son todavía casos activos, de los que 1.348 son leves y 379 se encuentran todavía en estado crítico.

La variación de los casos activos en un día (t) respecto al día anterior, esto es, TAt-TAt-1, la determinan tres flujos: los nuevos casos (NC), los nuevos fallecidos (ND) y los nuevos recuperados (NR). El Cuadro 1 muestra esquemáticamente el proceso dinámico que modifica el total de casos activos como resultado de los tres flujos mencionados representados por las flechas. El número total de casos activos aumenta como consecuencia de la aparición de nuevos casos y se reduce como resultado de las recuperaciones de enfermos y los fallecimientos. Los flujos que aparecen entre los casos leves y críticos no altera el total de casos activos. Gráficamente, contener la pandemia requiere equivale a que la superficie del rectángulo de casos activos, suma de casos leves más casos críticos, se mantenga constante, reducir la epidemia equivale a reducir la superficie del rectángulo y erradicarla lograr que ese área sea cero.

El Gráfico 5 muestra la evolución de la tasa de variación del total de casos activos (línea azul) junto a las tres ratios claves que impulsan su dinámica: el cociente de nuevos casos sobre casos activos (línea roja), el cociente de nuevos recuperados sobre casos activos (línea verde) y el cociente de nuevos fallecidos sobre casos activos (línea morada). Los valores de las ordenadas de la línea azul se obtienen restando la suma de los valores de las ordenadas de las líneas verde y morada a los valores de las ordenadas de la línea roja. Son varias las conclusiones que podemos extraer de este gráfico:

Primera, la variación de casos activos es todavía positiva por lo que el área del rectángulo total de casos activos (leves más críticos) en el Cuadro 1, no ha cesado de aumentar de tamaño durante todo el mes de marzo, si bien las tasas de crecimiento se han reducido considerablemente a partir del 25 de marzo. El total de casos activos el 3 de abril es 76.272 de los que 6.146 se encuentran en estado crítico.

Segunda, el motor de la expansión de la epidemia han sido los elevados flujos de nuevos casos. Quiero llamar la atención sobre los dos picos que se produjeron entre el 8 y 14 de marzo que han sido, sin duda, la causa más importante de la saturación de la capacidad de los recursos del sistema hospitalario vivida en la segunda mitad de marzo y comienzos de abril, y al que debemos el espectacular aumento de la mortalidad y de las tasas de mortalidad en la segunda mitad de marzo. En concreto, el número total de fallecidos (TD) pasó de 196 el 14 de marzo a 8.696 el 31 de marzo y la tasa de mortalidad (cociente de fallecidos sobre casos totales) aumentó de forma sostenida desde 2,54% el 14 de marzo hasta 8,82% el 31 de marzo. Muchas personas han quedado por el camino.

Tercera, el cociente de nuevos recuperados sobre casos activos (línea verde) muestra un comportamiento bastante errático, algunos días por encima del cociente de nuevos fallecidos sobre casos activos (línea morada) y en otros por debajo. El Gráfico 6 nos permite ver con mayor claridad lo que ocurre en la parte inferior del Gráfico 5. Sin embargo, la línea verde se ha convertido en la segunda quincena de marzo en la segunda causa, por detrás de la reducción de nuevos casos / casos activos (línea roja) de la disminución de la variación de activos. Una excelente noticia fruto en gran parte de la heroica batalla librada por nuestros sanitarios a pesar del pobre equipamiento con que a veces han tenido que desarrollar su labor.

Cuarta, estamos ya muy cerca de contener el crecimiento de los casos activos, algo que se producirá cuando la línea azul en el Gráfico 5 corte al eje de abscisas, pero la erradicación de la epidemia está muy lejos todavía. Para reducir la extensión de la epidemia y erradicarla completamente es indispensable seguir reduciendo la ratio de nuevos casos sobre casos activos (línea roja) y adoptar medidas para reforzar el aumento del cociente de nuevos recuperados sobre casos activos (línea verde).

  • Para reforzar la caída de nuevos casos sobre casos activos (descenso de la línea roja), hay que seguir con las medidas de confinamiento adoptadas, desde luego, pero hay que realizar además pruebas de detección continuadas no sólo a los trabajadores que están en la primera línea del frente (personal sanitario, fuerzas y cuerpos de seguridad, etc.), sino también a todos los trabajadores empleados en actividades esenciales y excluidos del confinamiento sin los cuales los confinados no podríamos subsistir.
  • Y para impulsar la tasa de nuevos recuperados sobre casos activos (ascenso de la línea verde), hay que dotar de todos los medios necesarios al sistema sanitario, para que puedan atender con garantías a todos los infectados, y a las residencias de mayores donde sus trabajadores han librado una lucha heroica y desigual por falta de personal y medios.

Conclusiones generales

Esta batalla se va a ganar no por la propaganda del gobierno sino por la irreductible voluntad de sobrevivir del ser humano y la buena voluntad de quienes están dedicados a ayudarnos a sobrevivir. Hay que continuar con las medidas de confinamiento y extremar la prevención si queremos, primero, contener el aumento de casos activos, 76.262 el 3 de abril, y segundo, erradicar la plaga. Y para ello, hay que dotar con los medios apropiados a todas las personas que por su profesión no están confinadas, para que puedan seguir desarrollando su trabajo con seguridad y eficacia.

Como economista profesional, no tengo ninguna duda de que éste es el principal problema de nuestra economía en estos momentos y de que la sociedad española tiene que dedicar su capital humano y físico a resolverlo. El coste sanitario de la crisis, incluso si la imprevisión origina cierto despilfarro, será sólo una pequeña fracción del coste total causado, y no tengo ninguna duda de la elevada rentabilidad de cada euro destinado a reforzar el sistema sanitario: no sólo va a reducir el número de fallecidos sino que va a acortar el período de confinamiento y desplome de la actividad económica. Así que mucho ánimo, profesionalidad y disciplina… y mejor gobierno.

 Por último, conviene que empecemos a asumir que no vamos a poder retomar nuestras vidas anteriores en España, incluso si logramos erradicar el coronavirus en los próximos meses. La pandemia empezó en China, se ha cebado en Europa y ahora está empezando a producir estragos en infinidad de países, algunos mucho más pobres e incluso peor gobernados que España. El peligro de volver a importar el contagio seguirá presente con nosotros durante mucho tiempo, al menos en tanto no se logre una vacuna efectiva. Pero como ninguna vacuna podrá eliminar la aparición de otras amenazas similares en el futuro, van a producirse cambios permanentes en nuestras relaciones personales, en las relaciones internacionales entre Estados y en  la distribución internacional del trabajo producida por la globalización.