Desequilibrios del mercado laboral

Pese a la notable inestabilidad política en que está inmersa la sociedad española desde diciembre de 2015 –con tres elecciones generales y perspectiva de una cuarta en el próximo otoño –, la economía ha logrado mantener tasas de crecimiento netamente superiores a las de la Eurozona durante estos años y ha seguido recuperando el terreno perdido entre 2008 y 2013. En el mercado laboral, los avances logrados durante la fase expansiva que se inició a comienzos de 2014 invitan al optimismo, pero la desaceleración cada vez más evidente de nuestra economía invita también a reflexionar sobre cuán lejos hemos llegado en la corrección de los principales desequilibrios, así como a sopesar la idoneidad de las instituciones y políticas que conforman el funcionamiento del mercado laboral. Sin pretender restar importancia a la perniciosa dualidad entre contratados indefinidos y temporales, esta columna va a centrase en otros aspectos del mercado que bien se dan por descontado, como el bajo nivel de ocupación y la elevada tasa de paro, o bien son soslayados, como la eficacia de los sistemas de colocación y las políticas migratorias, por un falso prurito progresista.

Un baño de realidad

La población activa de la economía española se ha mantenido relativamente estable en el entorno de 23 millones desde 2007 y ha decrecido ligeramente durante la fase de expansión que se inició hace cinco años y medio. Pese a haberse creado casi 2,8 millones de puestos de trabajo desde el primer trimestre de 2013, los 19,8 millones de ocupados en el segundo trimestre de 2019 es una cifra todavía inferior al máximo histórico de 20,8 millones alcanzado en el tercer trimestre de 2007. Por su parte, la cifra actual de parados, 3.2 millones, supera holgadamente los 1,8 millones registrados en el segundo y tercer trimestres de 2007, si bien se ha conseguido recortarla en algo más de 3 millones desde el primer trimestre de 2013. Finalmente, la tasa de paro sobre la población activa mayor de 16 años, 14,02%, es todavía 6 puntos porcentuales superior al 8,02% conseguido en el tercer trimestre de 2007, aunque se haya reducido casi 14 puntos desde el asombroso pico de 26,94% que escaló en el primer trimestre de 2013.

Podríamos fijarnos en otras economías de la UE para sacar pecho por lo conseguido desde 2013, pero resulta un reto mucho más estimulante compararnos con Estados Unidos, una economía que aunque registró también una severa recesión –tan severa que los economistas acuñaron la expresión Gran Recesión para singularizarla–, las actuaciones rápidas y contundentes de la Reserva Federal y del Gobierno Federal lograron reconducirla en cuatro o cinco trimestres. Las diferencias de lo ocurrido en las dos fases del ciclo en los dos lados del Atlántico resultan muy ilustrativas. Mientras en España la población activa se ha prácticamente estancado en 23 millones, en Estados Unidos ha aumentado 8,6 % desde 2007 hasta mediados de 2019, impulsada por el fuerte aumento de la ocupación en los sectores civiles no agrícolas que, si bien cayó 7,6 millones entre 2007 y 2010, aumentó en 20,5 millones desde 2010 hasta 2019. El número de desempleados en Estados Unidos se disparó desde 3,5 millones en 2007 hasta 9,2 millones en 2010, pero en la actualidad sólo hay 2,8 millones de parados, una cifra inferior a los 3,2 millones estimados en EPA del segundo trimestre de 2019. Y la tasa de paro que se duplicó durante la Gran Recesión en Estados Unidos, pasando de 4,6 % en 2007 a 9,6 % en 2010, se ha reducido a 3,8 % en el primer semestre de 2019, una tasa 8 décimas inferior a la registrada en 2007. Al reparar en esta realidad paralela, casi incomprensible para nosotros, me viene a la cabeza el machacón estribillo de una balada de Dylan: “Because something is happening here but you don’t know what it is, do you Mr. Jones?”.

Servicios de colocación y política migratoria

Las elevadas tasas de paro de la economía española constituyen un indicador incontestable del mal funcionamiento de nuestro mercado laboral, pero no es el único. El tiempo que tardan los trabajadores parados en encontrar un puesto de trabajo constituye otro indicador de eficiencia, en este caso de los servicios de colocación y de la idoneidad de los sistemas de prestaciones diseñados por las Administraciones Públicas para atender a los desempleados. Un hecho resulta indubitable: cuanto mayor es el tiempo que los trabajadores permanecen parados, mayor el despilfarro de recursos productivos causado por el desempleo y mayor el deterioro del capital humano de los trabajadores parados.

Pues bien, según la EPA del segundo trimestre de 2019, el 58,92 % de los parados buscan empleo desde hace más de 6 meses (26 semanas) y el 31,17 %  desde hace más de 2 años. De nuevo, conviene echar una ojeada al mercado estadounidense para apreciar en toda su crudeza la magnitud de nuestras cifras. Los datos publicados por el Bureau of Labor Statistics en junio de 2019 muestran que duración media del desempleo fue inferior a 26 semanas para el 76,3 % de los parados estadounidenses y que sólo el 23,7 % estuvo desempleado más de 27 semanas. Aunque habrá más de una razón tras estas notables diferencias, conviene recordar que la la prestación contributiva en España puede llegar a 104 semanas (2 años) y prolongarse con prestaciones no contributivas durante varios años más, mientras que en Estados Unidos las prestaciones sólo pueden cobrarse (en circunstancias normales) durante 26 semanas. Pues bien, las cifras del BLS indican que 3 de cada 4 parados en Estados Unidos encuentran trabajo antes de expirar dicho plazo. El corolario resulta bastante evidente.

Otra dualidad

Aunque la tasa de paro actual (14,02 %) sea la más baja de la última década, España tiene el dudoso honor de compartir con Grecia el podio del paro de las economías desarrolladas. Pero la tasa paro de la población extranjera, 20,26 %, es incluso mayor y rebasa en 7 puntos la de la población española (13,09 %). Las preguntas que suscita esta dualidad del mercado laboral son de puro sentido común: ¿puede una economía donde, según la última EPA, 2,6 millones de españoles están parados emplear a 2,4 millones de extranjeros y proporcionar servicios públicos y prestaciones sociales a 4,2 millones de extranjeros mayores de 16 años y a una población extranjera total de 4,85 millones? ¿Las políticas migratorias de los gobiernos españoles en las últimas décadas son congruentes con los niveles de cualificación y las necesidades de mano de obra, o son mero resultado de una pasividad que genera más paro, más gasto e incluso más conflictividad social?

En lugar de las demagógicas pancartas exhibidas en las fachadas de algunos de nuestros Ayuntamientos en pro del acogimiento indiscriminado de inmigrantes y refugiados, lo que España necesita es contar con unas políticas laboral y migratoria congruentes con las necesidades de mano de obra, a menos que  nuestros políticos pretendan mantenernos en el podio del paro y continuar incrementando la densidad de manteros que malviven recorriendo ciudades y playas con su inagotable surtido de pulseras, gafas y sombreros. Ojalá que cuando pase el punto álgido del verano y cese la bulla de las fiestas y el ruido de los fuegos artificiales, el nuevo gobierno implemente reformas orientadas a reconducir los notables desequilibrios del mercado laboral, antes de que la expansión llegue a su fin.


Fuente: Expansión

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