El conflicto entre el Taxi y las VTC revela la incompetencia de los populistas y separatista que mal gobiernan Barcelona y Cataluña

Las plataformas de VTC, Uber y Cabify, anuncian que dejarán de operar en Barcelona.

Empresaris de Catalunya, organización que agrupa a más de 500 empresarios y directivos de empresas catalanas favorables al respeto a la ley y el mantenimiento de Catalunya dentro de España, acusa a la Generalitat de Catalunya y al gobierno municipal de Ada Colau de dedicarse a soflamas políticas populistas y demagógicas y no a resolver los problemas de los ciudadanos ni a arbitrar soluciones reales para el beneficio de la sociedad.

La Generalitat y Ada Colau han y están gestionando pesimamente el conflicto entre el Taxi y las plataformas de las VTC.

La competencia es el motor de la innovación, así como la mejor garantía de que los ciudadanos pueda acceder a mejores productos y servicios. Por otro lado, Barcelona no puede ser una de las pocas grandes ciudades europeas que no disponga de las aplicaciones móviles de VTC.

En palabras de Carlos Rivadulla, presidente de EC; “no podemos enviar un mensaje a los emprendedores, a las start-ups y a los inversores de que en Barcelona o en Cataluña la irresponsabilidad política provoca constantes cambios regulatorios que generan inestabilidad jurídica. Nos jugamos la creación e implantación de nuevas empresas, y la consiguiente generación de riqueza y de puestos de trabajo. Cataluña y la alcaldesa Colau son máquinas de fabricar desconfianza a emprendedores y empresarios”.

El sector del Taxi y las VTC tienen y deben convivir y coexistir. Se tienen que establecer unas reglas estables y claras para todos, con el beneficio general de los ciudadanos como último fin. La competencia es siempre positiva para los consumidores y la innovación.

EC considera que la retirada de estas empresas tecnológicas del mercado barcelonés será aprovechada por Lisboa para presionar sobre el futuro del Mobile World Congress.

Tras la pérdida de la sede Agencia Europea del Medicamento para Barcelona, ahora se lanza un mensaje de aislacionismo populista, poco receptivo de la innovación, así como de mala gestión pública.

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