¿És la solució un altre 155?

Personalidades de diferentes ámbitos coinciden en que los independentistas sólo buscan el conflicto y en la necesidad de frenar el adoctrinamiento cuanto antes.

«La estrategia del soberanismo es la tensión. Cuanta más, mejor»

–¿Ha servido para algo la aplicación del 155?

Sí. Ha aportado sosiego a la sociedad catalana y ha evitado que el anterior Gobierno de la Generalitat siguiera cometiendo ilegalidades en post de la ruptura unilateral. Además, que la aplicación del mismo fuera por acuerdo de PP-PSOE y Cs y fuera acompañado de una convocatoria electoral casi inmediata le dio un plus de legitimidad a la aplicación del mismo.

–¿Debería volver a aplicarse?

Eso está en manos del separatismo. Sí creo que hay que estar muy vigilante a que desde el Gobierno autonómico no se vuelva a intentar conculcar derecho y libertades de los ciudadanos catalanes tal como sucedió en octubre del año pasado y si el Gobierno que ahora se forma pasa de la soflama a la acción hay que volver a aplicar el 155 de forma inmediata.

–¿Estamos ante una nueva etapa de desafío soberanista?

Sin duda. Su estrategia es la tensión, cuanta más mejor, y el conflicto con el Gobierno de la Nación y el fomento del enfrentamiento en el sí de la propia sociedad catalana. El separatismo ha anunciado que quiere implantar las 16 leyes anuladas por el TC, entre ellas las de transitoriedad y las fiscales. Sabemos de su contumaz insistencia en vulnerar la ley y de su empecinamiento en llegar al final, por lo cual, no hay que dudar que si está en su mano afrontamos, lamentablemente, una escalada de tensión.

–¿Qué solución hay para la situación de ruptura política y social en Cataluña?

La solución sólo se puede dar desde el respeto a la Ley y reconocimiento de la pluralidad de la sociedad catalana. El diálogo con el independentismo tiene que ser en el marco de que ellos reconozcan el actual marco legal vigente, que tiene todo el derecho a aspirar a modificar, siempre siguiendo los parámetros establecidos en el Estatut vigente y la Constitución. Asimismo, el diálogo supone que el separatismo admita que «las calles no son suyas» ni nada en Cataluña es de su propiedad, sino que todo pertenece al conjunto de los ciudadanos. Sólo el respeto a la pluralidad y la voluntad de convivencia de los separatistas con la parte de la sociedad catalana, mayoritaria por cierto, no separatista puede llevarnos al camino de la solución. La actitud del separatismo y la ideología ultra xenófoba y racista del nuevo presidente de la Generalitat no nos lleva, desafortunadamente, por esa senda.


Fuente: La Razón

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