Puigdemont urge por carta a Rajoy a negociar la ruptura

Mariano Rajoy recibirá en breve una carta de Carles Puigdemont en su buzón que tan siquiera le hará falta abrir, ya que no contiene más novedad que un formalismo: el de la solicitud del presidente de la Generalitat de negociar «tan pronto como sea posible» las condiciones del referéndum de autodeterminación de Cataluña. Con este paso, Puigdemont se dispone a dar la última oportunidad a Rajoy para llegar a un acuerdo. De lo contrario, activará la vía unilateral para consumar la votación soberanista. En realidad, ésta es su única opción porque el Gobierno no piensa consentir un referéndum sobre la independencia de Cataluña.

«La Generalitat tiene la máxima voluntad de buscar una solución pactada y acordada que dé respuesta a la demanda de la ciudadanía de Cataluña de poder decidir sobre su futuro. Asimismo, el Gobierno ha reconocido que la cuestión catalana es un asunto de Estado que requiere la máxima atención. En este sentido, creemos que ha llegado el momento imprescindible para que los dos Gobiernos se puedan sentar en la mesa a dialogar», expone Puigdemont al inicio de su carta.

El presidente catalán acompaña su carta de dos documentos: el acuerdo del gobierno catalán mediante el cual emplaza al Gobierno a iniciar las negociaciones del referéndum y la moción aprobada por el Parlament en la que se expresa la voluntad de llegar a un pacto para la votación soberanista. «Quedo a la espera de su respuesta para empezar este diálogo tan pronto como sea posible», se despide Puigdemont, dirigiendo un «cordial saludo».

Fuentes del Ejecutivo han señalado que Rajoy siempre contesta a estas misivas y Moncloa tiene previsto dar respuesta también a ésta. Con toda seguridad, no existirá ninguna sorpresa sobre el referéndum en ella, ya que Rajoy ya ha fijado su posición: «No se celebrará». El presidente del Gobierno insiste en que está dispuesto a escuchar a Puigdemont –con quien mantiene una relación personal más relajada que con Artur Mas–, pero sólo si es para negociar una mejora del autogobierno de Cataluña en el marco constitucional.

El Govern, por su parte, quiere mostrar a la comunidad internacional que ha agotado todas las vías posibles para el diálogo con el Gobierno antes de emprender el camino del referéndum unilateral de independencia. Su problema es que este mecanismo no cuenta, por el momento, con ningún amparo internacional y que tan sólo se puede ejecutar desbordando el ordenamiento jurídico español. Miembros del Govern admiten en privado las enormes dificultades de consumar el referéndum, pero los dirigentes soberanistas repiten todas las semanas y en todos los foros (Congreso, Senado, Parlament y medios de comunicación) que la votación se hará.

En paralelo, se amontonan las querellas de la Fiscalía General del Estado, sea por la compra de urnas para el referéndum, sea por los debates de desconexión en el Parlament. Pero nada parece distraer al Govern de Puigdemont, empeñado en poner las urnas el 1 de octubre –fecha más probable aunque no confirmada– para proceder de forma definitiva a la ruptura con el resto de España. El gran interrogante es saber cómo el Govern piensa cumplir con su compromiso teniendo enfrente a todo un Estado.

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