Sánchez, aupado por separatistas y populistas

Además de las fuertes lluvias y riadas, este final de mayo pasará a los anales como la primavera en que Sánchez decidió ponerse al frente de quienes pretenden finiquitar el Estado social y de Derecho constituido en 1978 después de una transición política que causó la admiración de propios y extraños. El próximo 6 de diciembre se cumplirá el cuadragésimo aniversario del referéndum en que los españoles aprobamos la Constitución, una cifra redonda que merecería una celebración muy especial, pero me temo que al paso que vamos, quienes apreciamos de veras la libertad, la igualdad, la justicia y la concordia que consagró el pacto constitucional entre los herederos de las dos Españas, vamos a tener poco que celebrar en tan señalada efeméride.

Pocos fueron, por no decir ninguno, los períodos de nuestra historia contemporánea en que los españoles fuimos considerados ciudadanos y pudimos disfrutar de esos bienes inmateriales tan preciosos que hemos podido paladear durante las últimas cuatro décadas. Pues bien, me atrevo a afirmar que este período tan extraordinariamente positivo para la sociedad española podría terminar, incluso abruptamente, tras el triunfo de la moción de censura que convirtió a Sánchez en presidente del Gobierno de España. Paradójico y preocupante resulta que el secretario general que obtuvo en los comicios de 2015  y 2016 los peores resultados del PSOE desde 1977, circunstancia que uno esperaría le hubieran llevado a dimitir, se haya convertido en presidente del Gobierno del cuarto estado de la UE.

Los ‘amigos’ de Sánchez

La principal razón que me lleva a hacer una valoración tan negativa de la moción de censura de Sánchez es la simple constatación de que para su aprobación, los 85 diputados del PSOE (77 de sus federaciones, 7 del PSC y 1 de Nueva Canarias) han necesitado los apoyos de varios grupos con intereses contrapuestos entre  sí, y cuyo único denominador común era acabar, no con Rajoy y la corrupción, sino con lo que a mi modo de ver es la aportación el éxito político más importante  de la sociedad española: la Constitución de 1978. Están, en primer lugar, los 71 diputados de Podemos y sus divergencias, un conglomerado de partidos que incluyen IU, En Comú, Compromís, Anova, etc., cuyos líderes han manifestado en múltiples ocasiones su vocación de liquidar el ‘régimen’ de 1978, sus marcadas inclinaciones autoritarias y sus preocupantes conexiones con regímenes autoritarios ‘socialistas’, como Venezuela, Cuba o Irán. La imagen de Cañamero en el Congreso luciendo una camiseta que decía “Voto sí sólo para echar a M. Rajoy” habla por sí sola.

En segundo lugar, están los 9 diputados de ERC y los 8 representantes de la varias veces rebautizada Convergencia del 3%, los dos partidos que protagonizaron el golpe de Estado en Cataluña en otoño y obligaron a Rajoy a aplicar el artículo 155 para cesar al gobierno de la Generalitat, disolver el Parlament y convocar elecciones autonómicas. Pues bien, ahora Sánchez se muestra dispuesto a sentarse a hablar –¿de qué?, me pregunto– con Torra, el nuevo presidente del gobierno de la Generalitat, quien ha manifestado en repetidas ocasiones su intención de restablecer la república constituida el 27 de octubre y reponer en sus carteras a los miembros del ‘legítimo’ gobierno de la Generalitat, incluidos los consejeros encarcelados o fugados. Añadan al cóctel un par de diputados del brazo político de ETA (EH-Bildu) y los cinco insobornables diputados del PNV, el partido que posiblemente ve en la caída de Rajoy y el ascenso de Sánchez una nueva oportunidad –“diálogo prometido”, fue la expresión que empleó el portavoz del PNV– para desempolvar el plan Ibarretxe. Pim, pam, pum fue otra infeliz expresión que utilizó Esteban para explicar qué podemos esperar a partir de ahora.

Inestabilidad política y desaceleración económica

Hace unos días observé en este diario que “en la delicada situación actual de España, ningún político responsable plantearía una moción de censura, como ha hecho Sánchez, ni exigiría el adelanto electoral, como hace Rivera. Rajoy, aunque esté en horas bajas y en minoría, tiene la oportunidad de dirigirse a los españoles y explicarnos con todo lujo de detalles qué piensa hacer en los dos próximos años para fortalecer el Estado, para mantener la cohesión social y para renovar (y limpiar) su partido. Aproveche la que puede ser su última oportunidad de hacerlo”. El intento quedó abortado en cuanto se supo a media tarde del jueve que los 5 diputados del PNV habían acordado con Sánchez destituirlo.

Resultará tarea imposible para Sánchez, con la actual composición de las Cámaras y las dispares amistades que lo han llevado a La Moncloa, desplegar un programa de Gobierno coherente que proporcione estabilidad política y favorezca el crecimiento económico y la creación empleo. Casi con toda seguridad, los partidos secesionistas aprovecharán la fragilidad de Sánchez para darle un nuevo impulso al proyecto secesionista, por lo que la crisis territorial lejos de resolverse con el diálogo que Sánchez ha prometido iniciar con el “govern” de Cataluña –algo que intentó sin éxito la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría en 2016 – se agravará, y se extenderá a otras Comunidades. Resultará interesante ver qué hace Sánchez cuando los secesionistas catalanes restablezcan las leyes de desconexión anuladas por el Tribunal Constitucional y den pasos para restituir al gobierno ‘legítimo’ de la república catalana. Torra ha manifestado en numerosas ocasiones que su único objetivo es constituir una república independiente y resultaría sorprendente que cedan en su empeño precisamente cuando el Gobierno de España vuelve a depender de sus votos.

En el terreno económico, la alianza del PSOE con Podemos y los partidos nacional-secesionistas plantea también un escenario de enorme incertidumbre. Sánchez es tan consciente de la extrema debilidad del futuro gobierno que se ha apresurado a anunciar que mantendrá los Presupuestos de Rajoy, rechazados con calificativos durísimos hace siete días. ¿Por qué no aprovecha la oportunidad para llevar al Congreso los presupuestosque el PSOE presentó el 11 de abril? La única explicación es que no quiere sentarse a negociarlos con los grupos que avalaron la moción de censura y han empezado a pasarle ya factura al registrar, ayer mismo, en el Senado cinco vetos a los Presupuestos de Rajoy, Rivera y el PNV. Pronto veremos qué hace con ellos y si presenta, como se comprometió a hacerlo, el proyecto de PGE para 2019. ¿Mi pronóstico? Sánchez no tiene intención alguna de gobernar sino de aprovechar su interinidad en La Moncloa para propulsar su cartel electoral antes de colocar las urnas.

Por otra parte, el intercambio de guante blanco protagonizado por Sánchez e Iglesias dejó entrever el malestar del trajeado líder de Podemos –¿tendrá sus vistosas camisas de cuadros en la tintorería?– quien, además de recordarle que “con 84 diputados no se puede gobernar sin llegar a acuerdos”, le reprochó no haber presentado “un proyecto de país” y “un programa de gobierno”, y lo conminó a convertir España en referencia “de un nuevo socialismo”. ¡Esperemos que con Cataluña en España y libre de aromas cubanos y venezolanos! Aprobar los aumentos del salario mínimo, sueldos, pensiones y otras prestaciones sociales,… y la reducción de la jornada laboral y edad de jubilación que propugnan Podemos y sus divergencias, podría destruir en pocos meses los esfuerzos de muchos años dedicados a reconducir los insostenibles déficits (público y exterior) y a situar a la economía española en una senda de crecimiento sostenido.

Defender la igualdad de oportunidades, algo a lo que ningún socialdemócrata puede renunciar, no justifica tomar atajos imposibles que en lugar de acercarnos nos alejan del objetivo perseguido. Como ciudadano y economista, no me preocupan tanto las sobreactuaciones de algunos diputados en el Congreso o las sobrerreacciones del IBEX 35 como la irresponsabilidad de gobernantes iluminados que creen tener soluciones para todos los problemas. Todavía estamos padeciendo el cisma político y la ruina económica que nos legó Rodríguez Zapatero.

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