¡Tú, español!

Dos preguntas: ¿en qué momento se empezó a utilizar “español” como término peyorativo? ¿y qué motivos lleva algunos (nacionalistas) a utilizarlo?

Supongo que lo escuché por primera vez en las noticias. La alegre muchachada de la kale borroka increpaba despectivamente a alguien, pero en vez de llamarle “fascista”, un calificativo muy sobado, le insultaban llamándole “español”. Me quedé cariacontencido, pero ¿qué tipo de insulto es ese? ¿y qué querrán decir esos jóvenes alegres?

Lamentablemente, ese lenguaje hizo fortuna y acabo bajando por el Ebro hasta llegar a Cataluña. “Español” como insulto, o, por lo menos, como expresión peyorativa es ya moneda de cambio entre algunos nacionalistas. No de todos, lógicamente.

Una parte significativa del nacionalismo vasco y catalán lo utiliza ya sin desparpajo, y reconozco que me gustaría que algún psiquiatra con licencia para opinar nos echara una mano para entender este fenómeno, quizá Alfred Tobeña se anime.

Dice el filósofo (sic) Bernat Dedéu que no entiende por qué algunos se ofenden cuando utiliza el término “español” para definir a alguien o algo. Suya es la frase-tuit referida a Ada Colau el mismo día de las pasadas elecciones municipales: “Barcelona no puede tener una alcaldesa española, eso es así”. Pues si es así, querido Bernat, te falta completar la frase, no te cortes hombre, sé coherente y valiente. ¿Qué características poseen/poseemos los “españoles” para no ser dignos, según tú elevado parecer, de la Alcaldía de Barcelona? Aquí está el meollo, lo que esconde o quiere esconder el mensaje. Lo que indirectamente quiere transmitir entre luces y sombras, con suficientes luces para que los suyos lo entiendan, y con las suficientes sombras para que los otros no te puedan señalar con el dedo. Todo es un juego de sobreentendidos y malentendidos. ¿Se imaginan si alguien dijera que “Burgos no puede tener un alcalde gitano, eso es así”?

Permitidme asentar lo obvio, “españoles”, política o administrativamente, los somos todos; ya sean vascos, catalanes, valencianos, extremeños o riojanos, con independencia de nuestros sentimientos identitarios. “Español” es, por lo tanto, un hecho objetivo.

España, les guste o no, y para lo bueno y lo malo, es el resultado del esfuerzo colectivo y colaboración de todos; vascos, catalanes, andaluces o asturianos, etc. Sin embargo, para los nacionalistas, España y los “españoles” no son ellos, son algo ajeno. Cosifican el término España para endulzar el veneno. Estado español es ahora España, con la falsa ilusión de intentar hacernos olvidar que España, o el Estado español, es el fruto de la creación de los españoles, es decir, de todos: vascos, catalanes, extremeños, etc. Asimismo, pretenden esconder que millones de vascos y catalanes han votado a PSOE y PP, o que sus partidos, PNV, CIU o ERC, han apoyado docenas de presupuestos, leyes, o sustentado gobiernos centrales. Sin embargo, los nacionalistas pretenden trasladar la idea de que no tienen nada que ver con España y mucho menos con lo negativo de España, lo malo, culpa del resto. Ellos nunca estuvieron, ni pasaron por allí.

El nacionalismo ha transformado “lo español” en un recipiente de desprecio para verter allí todo lo que desprecian de algo que hemos creado y del que todos somos parte. Pura incoherencia. Utilizar el calificativo de “español” para lanzarlo contra los vascos o catalanes no nacionalistas, o contra el resto de españoles, es tan injusto como incoherente, por no decir que revela un cierto desvarío psicológico. Bueno, aquí, mejor que opinen los trenes de psiquiatras o psicólogos.

Por cobardía o absurda conllevancia, ese lenguaje se ha permitido durante demasiado tiempo. Poco se ha rebatido. Pero nunca es tarde. Por respeto y coherencia, señores nacionalistas, si quieren descalificar a alguien, no le llamen “español”, que tú también lo eres, zoquete, llámale extremeño, madrileño, gallego… o si quieres afinar, por su ciudad o pueblo: “¡Tú, salmantino!”. Y si eres de una coherencia exquisita, pues oye, no te cortes, tira directamente de “paleto”, “inculto”, etcétera: “Barcelona no puede tener una alcaldesa cateta, eso es así”.

Para algunos nacionalistas, el término “español” es el gran comodín para jugar la carta de achacar a otros lo que repudian de la condición humana. Lo objetivo, ser “español”, lo han convertido en algo subjetivo. Y no precisamente virtuoso.

Es el término que les permite la construcción del muro imaginario del “ellos” versus “nosotros”, el de “mejores” versus “paletos”, “hacendosos” versus “atrasados”. Pero, ay, esa incoherencia, injusta y rayana en la patología obvia que “tú” eres “ellos”. Se imaginan a dos amigos charlando y que uno le espetera al otro “es que vosotros los humanos sois muy malos, sois los causantes de guerras y hambrunas”. Pues eso, a ver si lo entendéis, ¡españoles!

Por Carlos Rivadulla, Vicepresidente de Empresaris de Catalunya

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