Y Barcelona perdió la EMA

La decisión del Consejo de Ministros de la UE de localizarla Agencia Europea del Medicamento (European Medicines Agency, EMA) en Ámsterdam, tras una reñida competición con Milán, deja muy claro el hartazgo de las instituciones europeas con el proceso secesionista en Cataluña. Barcelona, a la que muchos situaban como la localización más atractiva hasta hace unos meses, quedó eliminada en la primera votación al quedar por detrás de Ámsterdam, Milán, Copenhague y Bratislava. Al menos la espera no fue demasiado larga y la previsible decepción se produjo a las primeras de cambio. Perdido el envite, quizá el mayor interés del caso resida en examinar las razones que han podido influir en el descarte de Barcelona –siempre puede aprenderse de los reveses– y las reacciones políticas que ha suscitado en Cataluña.

Desenlace previsible

El desenlace fatídico era más que previsible, casi una certeza pese a los esfuerzos del Gobierno de España porconvencernos para llegar hasta al final con el banderín bien alto. Aunque los partidos nunca acaban hasta que el árbitro pita el final del encuentro y el marcador queda inamovible, existían buenas razones ya en el descanso para dar el encuentro por perdido. Cataluña vive desde hace dos años una situación de inestabilidad política e inseguridad jurídica creciente que culminó con la aprobación de las leyes del referéndum de autodeterminación a principios de septiembre, la celebración de una ilegal consulta de autodeterminación el 1 de octubre, dos huelgas generales de carácter político, y la aprobación de una resolución en el Parlament el pasado 27 de octubre por la que Cataluña se constituía en estado independiente en forma de república.

Pese a que las dos leyes de desconexión y la resolución de independencia fueron suspendidas por el Tribunal Constitucional y el Gobierno regional fue cesadoinmediatamente en aplicación del artículo 155 de la Constitución, la inestabilidad política y la inseguridad jurídica continúan muy presentes en Cataluña. Con el expresidente y algunos consejeros huidos en Bélgica, denigrando la democracia española, y el resto del gobierno‘legítimo’ encarcelado en varias prisiones, el clima político no es precisamente el más propicio para acoger a una agencia de la UE que, no olvidemos, deja Londres por la decisión de los británicos de abandonar la UE. ¡Lagarto, lagarto!, debieron pensar los líderes de la UE, no vamos a salir de guatemala para ir a guatepeor. No nos engañemos: la imagen difundida por el expresident Puigdemont en las redes sociales, donde aparece mofándose de las cinco requerimientos enviados por el Tribunal Constitucional para hacerle desistir del plan de proclamar la independencia, no es la mejor tarjeta de presentación ante la UE.

Podemos dar también por seguro que la desbandada de cerca de 2.600 sociedades que han trasladado sus sedes fuera de Cataluña desde el 4 de octubre, incluidas las principales entidades financieras y empresas no financieras, ha tenido también una influencia decisiva en la decisión adoptada por los Ministros de Sanidad en Bruselas. ¿Cómo iban a establecer la sede de la EMA en Barcelona cuando las sociedades españolas están marchándose a otras Comunidades? Aunque una decisión favorable habría servido para reafirmar la confianza de las instituciones europeas en la capacidad del Gobierno de España para controlar la situación, la jugada era demasiado arriesgada como para tentar la suerte. Téngase en cuenta que a las elecciones autonómicas, convocadas por el Gobierno de España el próximo 21-D, concurren los mismos líderes secesionistas –Puigdemont y Junqueras– que provocaron la intervención de Cataluña hace unas semanas, y no hay ninguna garantía de que Cataluña recobre la estabilidad política y la seguridad jurídica tras los comicios.

Conviene recordar también la escasa simpatía del equipo que gobierna la ciudad de Barcelona hacia el mundo empresarial, en contrate con la actitud comprensiva de Barcelona en Comú hacia el movimiento okupa. El notorio desinterés de la propia alcaldesa por acoger la EMA quedó patente a comienzos de agosto, cuando la alcaldesa declinó acompañar a la ministra Montserrat y al consejero Comín a presentar oficialmente la  candidatura de Barcelona en Bruselas, porque, según manifestó ella misma, las bases de su partido no veían con buenos ojos la llegada de la AME a Barcelona.  Pese al auge del turismo internacional en los últimos años, la ciudad está cada vez más alineada con el movimiento secesionista. Colau se ha manifestado a favor del ‘derecho a decidir’ en numerosas ocasiones, y aunque defiende la realización de un referéndum legal, se sumó a la consulta ilegal del 1-O. Hace unos días, rompióel pacto de gobierno con el PSC, precisamente porque los socialistas catalanes no rechazaron la aplicación del artículo 155, y como sólo cuenta con sólo 11 concejales de 41, dependerá  a partir de ahora de los partidos secesionistas (ERC, PDeCAT y CUP) para seguir gobernando.

Oportunidad irrepetible

Además de la ocupación de un espacio de oficinas considerable en la emblemática Torre Glorias (Agbar), el aterrizaje de la EMA en Barcelona habría supuesto la creación de 900 puestos de trabajo directos, muchos de ellos altamente cualificados, y de algunos miles (en torno a 4.500) de empleos indirectos en un sector tecnológico puntero y con enorme futuro en la UE. Además, la localización en Barcelona habría supuesto asegurar la visita a la ciudad de varias docenas de miles de profesionales del mundo de la investigación y la farmacología cada año. Basta echar una ojeada a la página de Internet de la EMA en Londres para hacerse una idea del imponente volumen de actividad investigadora y dinamizadora de la industria farmacéutica que genera la agencia encargada de examinar la seguridad de los medicamentos y autorizar su comercialización en el espacio europeo.

La ministra Montserrat no ha querido hacer fuego del tronco caído pero ha apuntado claramente a la irresponsabilidad de la deriva independentista del gobierno de la Generalitat y del Parlament de Cataluña. Sánchez, secretario general del PSOE, ha vuelto a errar al afirmar que “los barceloneses han estado a la altura”. No señor: ni los barceloneses ni los catalanes ni sobre todo sus gobernantes han estado a la altura de las circunstancias. Puigdemont, inmaduro y cínico incurable, culpa de lo ocurrido al Gobierno que, tras aplicar el artículo 155 y encarcelar a los líderes sociales y al gobierno ‘legítimo’ de la Generalitat, pretende ahora empobrecer Cataluña. Rivera ha vuelto a ser el más certero al apuntar al independentismo y a Colau sin morderse la lengua. Barcelona tuvo a su alcance la EMA hasta comienzos del verano pero todo se truncó definitivamente en septiembre y octubre, y el 155 llegó ya demasiado tarde para deshacer el entuerto. Por cierto, Sr. Puigdemont, usted dejó de ser el presidente legítimo de Cataluña cuando se situó fuera de la Constitución y el Estaut, y ahora no es más que un presunto delincuente, prófugo de la justicia.